Contrastes de luz, claroscuros, texturas, el tizne de los cuerpos de los mineros... no podemos negar que inicialmente la estética de las minas fue lo que nos maravilló; por ello, parte integral de nuestro proyecto fue enfrentarnos al universo y la realidad que más allá nos esperaba.Llega el momento de confrontar la forma con el contenido, y las minas de Carbón de Amagá son en sí mismas una mina de historias, todas esperando a ser contadas.
Nuestra primera visita fue casi que la destrucción de la hipótesis que teníamos previamente: en vez de un pueblo insatisfecho y miserable, encontramos a gente alegre; conforme con su situación, aunque saben que no es la mejor; muchos niños, y entre ellos, la generalizada determinación de ser mineros.
Carlos es un niño de la vereda la Corona, frontera de Amagá con el pueblo de Angelópolis; él, a diferencia de los demás no quiere ser minero, sustentándose en argumentos tan sólidos y profundos, que fue el detonante para saber que teníamos un personaje con una historia que contar.
En el proyecto a presentar acompañamos a Carlos en su cotidianidad y allí identificar sus objetivos (ser médico forense) en medio de un contexto hostil y carente de oportunidades.

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